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¿Es o no es? De gnäbes y misses

Apareció por fin la candidata que esperábamos y no veíamos venir. ¿o sí?

Hermosa nivel Miss. Reservada. Fina. Medida. Un cabello de antología. La estatura correcta. Educada y pausada. Se envuelve en trajes que ya hemos visto en otras geografías de Panamá. En otro idioma. En otra vida.

Llegó la princesa Gnäbe, la que quiere ser reina. Que puede ser reina. Que sería lindo ver reina. Por bella. Por lo que representa. Para volver loco a quien quisiera destronarla. Por la alegría que comenzó con Panamá yendo y llevándonos a todos al Mundial y sigue con Rosa Iveth Montezuma. Por lo dentro que están dentro de todos nosotros Román, Durán, Adán Ríos, Rubén, Rosa, y decenas de panameños más. Cada uno en lo suyo, grandes o prometiéndonos serlo... y nosotros haciéndolos nuestros.

Tanta bulla y tanta rabia. Y al final... ¿qué? Ahí está con su cédula y su gente... y esa aparente impasibilidad y tranquilidad -que más me dicen que sí, que sí es- que tiene toda su gente: cuero duro, hablan poco y saben mucho. Fuertes.

A mí esa princesa me gusta. Y me recuerda lo más importante: la belleza de todo lo que representa. El arte, la cultura y la fuerza de ellos en la moda y el estilo que llevamos todo con orgullo. La influencia del arte originario o indígena panameño en la moda local e internacional es más que innegable, es imperativa, hermosa.

Una vueltita al Parque de la Catedral del Casco Antiguo de la ciudad me mostró apenas la belleza presente en la moda, salida de las manos de hadas de mujeres Gunas y Gnäbe (y pido disculpas de yerro en la escritura de los nombres de los grupos, hay muchas versiones y con miedo escribo estas).

Más molas y menos dramas, digo yo. Más collares de chaquiras y menos bochinche, digo yo. Y agárrense que la princesa viene pisando fuerte.