Marina Silva, la centinela del Amazonas que sigue luchando por la Presidencia

Marina Silva, la ecologista que aspira por tercera vez a la Presidencia de Brasil, no se rinde en la batalla electoral después de más de tres décadas de vida política y esta vez ha apostado por el respaldo de las mujeres para cumplir un reto que vuelve a complicarse.

A lo largo de sus 33 años de vida pública, Silva, quien actualmente figura en quinto lugar en las encuestas, jamás abandonó su imagen de fiel centinela de la Amazonía como mejor carta de presentación, e incluso se valió de ella en su campaña para las dos carreras presidenciales que disputó en 2010 y 2014.

Pero a pesar de su discurso obstinado, la ecologista siempre evitó los embates directos y dio preferencia a las metáforas y mensajes cifrados a la hora de criticar a sus adversarios en el terreno político.

Para su tercera carrera a la Presidencia, Silva llega con una estrategia renovada y ha pasado de las medias palabras a un discurso firme, con reproches orientados sobre todo al Partido de los Trabajadores (PT), al que se afilió en 1988 para finalmente abandonarlo veinte años después en una ruptura sin vuelta.

En su intento por dejar atrás su figura frágil, reforzada por un extenso historial de enfermedades, que incluye desde malaria hasta envenenamiento por la exposición a metales tóxicos, la ecologista ha elevado el tono y se ha alzado como la portavoz de las mujeres, que conforman más de la mitad del electorado.

"Quiero hablar con las mujeres que nos ven (...) Con su voto, quiero probar que una mujer negra y de origen humilde puede sí gobernar", dijo en el antepenúltimo debate televisado antes de la primera vuelta de las elecciones, el próximo domingo.

A lo largo de su campaña, la ganadora del premio Goldman y de la medalla Duque de Edimburgo, considerados dos de los más prestigiados galardones en el ámbito de la defensa ambiental, reforzó el diálogo con el electorado femenino al presentarse como "analfabeta hasta los 16 años y exempleada doméstica".

Silva se declara crítica con el PT y, a pesar de ser exministra de Luiz Inácio Lula da Silva, apoyó la destitución en 2016 de la expresidenta Dilma Rousseff por unas irregularidades contables.

De adolescente, Silva, hoy con 60 años, soñaba con ser monja e incluso llegó a experimentar el noviciado, pero abandonó los hábitos después de conocer en un curso al activista Chico Mendes, una de las primeras voces que denunció la destrucción de la Amazonía.

El espíritu subversivo de Mendes, asesinado en 1988 por latifundistas, contagió a Silva, quien maduró sus convicciones políticas y pasó a dedicarse integralmente a las causas sociales y ambientales.

Sus primeras andanzas en la vida política remontan a 1984, cuando participó en la fundación de la Central Única de los Trabajadores en el estado amazónico de Acre para luego disputar sus primeras elecciones a un cargo público dos años después.

En 1988, la historiadora de formación y analfabeta hasta los 16 años, fue elegida la concejala más votada de Río Branco, capital de Acre, y entró en el mundo de la política para ya no salir.

Desde entonces, Silva dibujó una línea de ascensión sistemática hasta el Senado, de donde saltó al Ministerio del Medio Ambiente durante el Gobierno de Lula, hoy encarcelado por corrupción.

Cuando abandonó el PT, en 2009, Silva declaró que no pactaría con una "concepción de desarrollo centrada en el crecimiento material a cualquier coste" que produce "resultados perversos a la mayoría". Pocos días después de la ruptura, se afilió al Partido Verde, por el que disputaría las presidenciales de 2010.

Cuatro años después y mientras luchaba por el registro de su nuevo partido, Rede, la evangélica sorprendió al firmar una "alianza programática" con el Partido Socialista Brasileño (PSB) en la que salió como candidata a vicepresidente en la fórmula encabezada por Eduardo Campos, quien murió a pocas semanas de las elecciones en un siniestro aéreo.

Asumió entonces las riendas y se lanzó como candidata a la Presidencia. Llegó a figurar en segundo lugar en las encuestas, pero no llegó a la segunda vuelta, en la que Rousseff se impuso al senador Aécio Neves.

Para sus terceras elecciones, Marina, lectora habitual de la Biblia y fiel de la iglesia evangélica Asamblea de Dios, llega finalmente de la mano de su partido Rede Sustentabilidade, creado por ella en 2013 y cuyo registro fue aprobado por la justicia electoral en 2015.

En esta ocasión tampoco abandonó su marca registrada como incansable defensora del planeta, pero amplió el abanico de prioridades del plan de gobierno del partido, que incluyen las políticas sociales y de equidad de género o la reforma del sistema tributario y de pensiones.

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