Detectan menores afganos adoctrinados por Talibán en Pakistán

Fue una revisión de rutina. Dos camionetas sin placas fueron detenidas este mes por la policía en la provincia oriental de Ghazni, en Afganistán, donde el Talibán controla partes del interior.

Pero la policía encontró 27 niños de entre cuatro y 15 años que eran llevados ilegalmente a la provincia de Baluchistán, en el sudoeste de Pakistán, para estudiar en madrasas, según el informe policial, del cual la Associated Press obtuvo una copia.

Las autoridades dijeron a la AP que los niños eran llevados a madrasas como parte de una campaña para educar a una nueva generación sobre la ideología del Talibán, para que cuando regresen a Afganistán propaguen la rígida interpretación del Islam que hace ese movimiento religioso y que imperó en el país hasta la llegada de una coalición militar extranjera encabezada por Estados Unidos en el 2001.

El jefe de la policía dijo que eso constituía tráfico de menores y detuvo a los conductores y a otros dos adultos.

Los padres, no obstante, dijeron que querían que sus hijos estudiasen en Pakistán y que los enviaron voluntariamente a Quetta, capital de la provincia de Baluchistán, un territorio poco poblado en la frontera con Afganistán.

Muchos militantes del Talibán de Afganistán estudiaron en las madrasas de esa ciudad, considerada bastión del consejo de líderes del Talibán.

Un agente antiterrorista afgano, que habló a condición de no ser identificado porque revelar su identidad podría comprometerlo, dijo que el servicio de inteligencia afgano identificó 26 madrasas paquistaníes donde se sospecha se entrena a futuros miembros del Talibán, algunos de los cuales podrían incluso perpetrar ataques suicidas.

Muchas de esas madrasas están en Quetta, entre ellas la del jeque Abdul Hakim, considerada un centro de reclutamiento del Talibán. La AP fue a la madrasa y se le dijo que el director se había tomado un año sabático para predicar el Islam, pero un maestro, Azizullah Mainkhalil, confirmó que algunos estudiantes eran de Afganistán.

Negó, no obstante, que la escuela tuviese vínculos con el Talibán.

La madrasa es enorme y está rodeada por muros muy altos que protegen edificios de barro y cemento. Mainkhail dijo que 350 niños viven y estudian allí.

Las autoridades frustraron también el ingreso a Pakistán de 13 niños de la vecina provincia de Paktika que se dirigían a Karachi para estudiar religión.

Los traficantes “querían llevar nuestros niños inocentes a los centros para terrorisats del otro lado de la frontera con el pretexto de que van a estudiar el Islam”, dijo el jefe de la policía de Ghanzi Mohammad Mustafa Mayar.

La guerra, la pobreza, la inseguridad y el desconocimiento de los peligros que acechan a sus hijos se combinan para facilitar el tráfico de niños en Afganistán, de acuerdo con Mohammed Musa Mahmoodi, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos.

Todos los años hay al menos tres o cuatro casos de niños que están siendo llevados de provincia en provincia o a través de fronteras internacionales, a veces para ser usados como mano de obra barata, otras veces para que sean reclutados por el Talibán o para ser víctimas de abusos sexuales, según Mahmoodi.

El problema, sin embargo, es mucho más grande que unos pocos autobuses con niños interceptados. La corrupción y la falta de entrenamiento adecuado hacen que el tráfico de menores sea un negocio lucrativo y poco arriesgado en Afganistán.

“Los padres a menudo aceptan que sus hijos se vayan, pero no saben lo que los espera”, manifestó Mahmoodi. “Y cuando llegan allí, les pegan, los obligan a trabajar por nada y se los lleva el Talibán”.

Mohammed Naseer pasó varias semanas negociando para que su hijo, un sobrino y varios otros niños de su distrito de Ander en la provincia de Ghazni fuesen a Quetta a estudiar el Corán. Su hijo Mohammed Yaseen tiene apenas nueve años, pero dicen que estaba entusiasmado. Soñaba con “ser un mulá (sacerdote islámico)”.

Naseer dijo que su hijo estudió tres años en la escuela de pueblo pero no sabía leer ni escribir en su idioma natal pashto. La escuela del pueblo ofrece clases de inglés, pero el maestro no habla inglés.

Más alarmante para Nasser es la falta de un seminario bueno que instruya a su hijo sobre el Islam. Señaló que varios niños de aldeas vecinas que estaban de vacaciones recitaban versos del Corán que lo regocijaban. Eso lo convenció de enviar a su hijo a las madrasas de Pakistán. Dijo que quería una escuela que ofreciese techo y comida a su hijo, algo que no hay en su región.

Subió a su hijo a una de las dos camionetas con otros 26 menores y le dio algún dinero a los adultos que transportaban a los niños.

El oficial de la policía Fazlur Rahman Bustani, en Kabul, dijo que el movimiento de niños es un negocio muy peligroso, por más que los padres lo aprueban.

“Quienes los transportan son parte de una peligrosa red. Esto es un delito”, dijo Bustani. “No importa si tienen el consentimiento de los padres”.

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