Presevo, el valle fronterizo entre Serbia y Kosovo donde solo importa sobrevivir

En el valle de Presevo, entre Serbia y Kosovo, ni los albaneses ni los serbios se interesan por los rumores de un cambio de frontera que les afectaría directamente porque bastante tienen con sobrevivir.

Esta región del sur de Serbia, una de las más pobres del país, fue en 2001 escenario de un principio de conflicto, cuando un embrión de guerrilla albanesa tomó las armas para adherir el territorio al vecino Kosovo.

Kosovo, una exprovincia albanesa de Serbia, declaró en 2008 su independencia, que Belgrado siempre ha rechazado.

Pero a mediados de este año, los presidentes kosovar y serbio, Hashim Thaçi y Aleksandar Vucic, manifestaron su voluntad de encontrar un acuerdo y mencionaron la posibilidad de "ajustes territoriales".

Los medios locales evocaron un intercambio entre, de un lado, el sector de Mitrovica-norte, que está en Kosovo pero cuya población es mayoritariamente serbia, y, de otro, el valle de Presevo.

En la actualidad, de los 75.000 habitantes del valle, cerca de 60.000 serían albaneses, si bien es una estimación porque boicotean los censos organizados por Belgrado.

Aunque ya no hay guerra, este valle en los confines de Serbia, Macedonia y Kosovo es es frágil, roído por el paro y vigilado de cerca por el aparato de seguridad serbio.

Aunque no hay cifras públicas, cientos de militares y policías están desplegados allí.

Las grandes empresas de la época yugoslava han desaparecido, no queda ni rastro de la fábrica de plástico 7 de Julio, de la imprenta Grafoflkes, de la empresa de comercio Buducnost ni de la fábrica de selección de tabaco. El desempleo ronda el 70%, según el gobierno.

Las fachadas deslucidas de Presevo dan cuenta de la miseria reinante. El sueldo medio apenas roza los 100 euros. En Bujanovac, la otra ciudad del valle, la fábrica de agua mineral Heba da trabajo y la suma alcanza los 200 euros, menos de la mitad respecto a la media nacional.

"Sin perspectiva de trabajo, acabaremos por marcharnos", afirma Jonuz Kamberi, un albanés de 24 años, chapista, en paro. ¿Qué piensa él del intercambio de territorios? "De todas formas, no me preguntarán mi opinión...".

Se trataría de una "tontería", según Bartislav Trajkovic, un serbio de 64 años, funcionario del registro civil en la localidad de Reljan, donde conviven varias comunidades. "Lo que necesitamos realmente es trabajo. Y todo el mundo [serbios y albaneses] piensan lo mismo".

Los 500 habitantes de Slavujevac son serbios. Stojan Nedeljkovic, de 55 años y de visita en casa de su amigo Nenad Djordjevic, considera que un nuevo trazado fronterizo "no solucionará ningún problema, ni los de los serbios ni los de los albaneses. El principal problema es que la gente no tiene de qué vivir", afirma este padre de cinco chicas, en el paro.

"Una fábrica lo cambiaría todo", apunta Nenad. Porque si nada cambia, "todos los niños se irán", advierte este obrero metalúrgico de 55 años, empleado en una empresa dirigida por un albanés.

De 130 casas en Slavujevac, unas 40 están vacías y las otras están ocupadas "por viejos" sobre todo, asegura.

Para Armend Aliu, un albanés de 40 años, teniente de alcalde en Presevo, el Estado serbio "ignoró reivindicaciones muy simples": una zona industrial para atraer inversores, un nuevo paso fronterizo con Macedonia, libros escolares en albanés.

La inacción de Belgrado no hace sino despertar las aspiraciones nacionalistas, señala.

Un sentimiento nacional que no hace mella en Fadil, de unos 60 años. "Mi jubilación en Serbia es de 300 euros y me dicen que en Kosovo sería de unos 50 euros", confía este albanés, que pidió el anonimato.

A un centenar de kilómetros al noroeste, en Kosovo, Nazmi Aliu, un bombero jubilado de 71 años, teme además un cambio que le colocaría bajo la tutela de Belgrado.

Vive en Suhodoll, un pueblo albanés del sector de Mitrovica-norte. Este enclave, mayoritariamente serbio, tiene un punto en común con Presevo: la pobreza.

"Faltan inversiones privadas consecuentes" y el dinero "procede principalmente de donantes internacionales y agencias gubernamentales", detallaba un inusual informe económico sobre esa zona, realizado por el instituto de Pristina RIINVEST.

Para Adnan Jusifi, un parado de 42 años, un intercambio de territorios empeoraría la situación, pues los albaneses de Mitrovica-norte "no tienen trabajo, ni escuelas", y dependen del "gobierno", afirma, dudando de que Serbia fuera a preocuparse mucho de la situación de los albaneses de esa región.


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